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OLVIDADO REY GUDÚ

Debe ser como decía Pío Baroja, que cuando uno se hace mayor, le gusta más releer que leer. Recientemente y en segunda oportunidad, he terminado la lectura de OLVIDADO REY GUDÚ. La primera lo fue hace años, acaso quince o más. Fue tal el sabor que dejó en mi ánimo, tal el disfrute de sus páginas, que me prometí a mí mismo y tras dejar correr —sin prisas— el tiempo necesario, no abandonar el libro en el anonimato de las estanterías, desempolvarlo algún día y revivir sus relatos y aventuras desde la primera a la última página. No he podido menos que considerarlo un segundo y extraordinario auto-regalo.

Por su contenido podría parecer una novela de fantasía y quizás así sea. Sin embargo, por las tragedias narradas, por los sentimientos bondadosos o perversos que de ella surgen, podría ser un espejo de la cotidianidad que nos rodea: Amor, ambición, generosidad, crueldad…

¿Emula OLVIDADO REY GUDÚ al Señor de los anillos? ¡No! ¿A Juego de Tronos? ¡Tampoco! Y sin embargo tiene algo de ambos. Aunque en el caso del segundo y si hablamos de influencias, mejor sería decir que éste es heredero de la narración de Ana María Matute.

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Ana María Matute fue una de las más reconocidas escritoras españolas del siglo XX. Ganó, entre otros, los premios Nadal, Planeta, Cervantes, Nacional de narrativa y de letras españolas y Príncipe de Asturias. Perteneció a la RAE (asiento K).

Cuando el Instituto Cervantes le pidió que, a modo de legado, depositara un objeto en su Caja de las Letras para las generaciones venideras, dejó una primera edición de su OLVIDADO REY GUDÚ (1996)

La novela está repleta de fábulas, fantasías y personajes imaginarios. Narra el nacimiento y la expansión del Reino de Olar, con una trama llena de aventuras y de un paisaje simbólico: el misterioso Norte, la inhóspita estepa del Este y el Sur, rico y exuberante, que limitan la expansión del Reino de Olar, en cuyo destino participan la astucia de una niña sureña, la magia de un viejo hechicero y las reglas del juego de una criatura del subsuelo.

Tejida de realidad y leyenda, de pasado y presente, OLVIDADO REY GUDÚ constituye también una gran metáfora del alma humana y su historia, alentada por los deseos y las inquietudes que desvelan al ser humano desde hace siglos.