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El teatro de la barbarie ha abierto sus puertas, y por él aparecen protagonistas soberbios y crueles. Los jinetes apocalípticos piden paso con arrogancia y potencia descomunal; quieren ser únicos protagonistas del momento, no admiten sombras de terceros y creen haber nacido para dejar su huella por todos los rincones de Europa. Polonia, la primera víctima, no es suficiente; la bestia, para disfrutar, necesita alimentar su barriga y su ego; hay que abrir nuevos frentes de dominio. —Cuanto más poderosos, más temidos— Arenga Adolfo Hitler a miles, millones de ciegos paisanos que han olvidado su condición de seres humanos, para convertirse en aves rapaces y exterminadoras.

Seis meses y diez días después de Polonia, el diez de mayo de 1940, Francia recibe la visita de las botas nazis y su maquinaria bélica. Cuarenta y cinco días, ni uno más, son suficientes para la capitulación del gobierno francés y la entrega de las llaves al invasor; la resistencia no es cosa de los gobernantes. La finca o cortijo del aspirante a amo universal se va ampliando, ya pasea por Francia como si fuera el mismísimo Napoleón.

Sabe que tiene al sur un aliado natural, y que a pesar de su pequeña estatura ha demostrado, o al menos así lo piensa, tener dos cojones; ha sido capaz de meter en vereda a millones de díscolos españoles, opuestos a eso que él llama «nuevo orden».

—Quiero tener una entrevista con el general español y la quiero con urgencia… Vamos, vamos… ¡YA!

—¡SI, Führer! (líder) ¡A la orden! Contesta Joachin von Ribbentrop, su ministro de asuntos exteriores.

El servicio diplomático alemán es efectivo, conecta rápidamente con Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco y también ministro de asuntos exteriores.descarga

—Paco… —Dice el «cuñadísimo» con suave voz, casi un susurro, arrimando su delicado bigote al oído derecho del jefe— El gran Adolfo Hitler, desea tener contigo, una conversación de militar a militar.

En privado se tuteaban y esa noche, a pesar de no ser del agrado del Generalísimo, cenaban en familia. La esposa, Carmen Polo, se aburría con las «batallitas» del marido y siempre que podía, organizaba eventos familiares. Franco en esos encuentros, también se aburría soberanamente, y en espíritu, tendía a ausentarse. La información pilló al barrigudo dictador por sorpresa; del brinco y al recibirla de su cuñado tras los postres, a punto estuvo de volcar la mesa.

La reprimenda recibida fue monumental, los presentes observaban en silencio; no comprendían el motivo de la exaltación de Paco (como lo llamaban en familia los más allegados). Lívido como un cadáver, el cuñado, que lo era por parte de Carmen Polo, había creído dar al jefe el mejor postre imaginable y sin embargo… se había ganado la bronca del año.

—¡Que mierda has esperado para darme la noticia al final de la cena!  ¡CARAJO!

—Perooo… Excelencia…

—¡Ni excelencia ni leches! Desde cuando me llamas excelencia en privado ¿Eh? ¡Desde cuando!

—Perdona Paco, lo siento; yo no…

—¡Basta, basta!… Joder Ramón, siempre igual, coño. A pesar de ser una noticia de puta madre, has conseguido sacarme de mis casillas. A ver, cuéntame con pelos y señales que es eso de una reunión de tú a tú.

El Generalísimo, agarrando con la mano derecha el brazo del cuñado, sujetando una aromático taza de café en la otra y alejándose de los empalagosos familiares; arrastró a su despacho privado a Ramón Serrano Suñer. Ramón, con ese aire de tímido profesor de literatura, cruzaba su mirada con Carmen Polo, transmitiendo a ésta, un gesto combinado de impotencia y de perdón por el desaguisado, que sin desearlo, había organizado.

La noticia se extendió rápidamente por todos los círculos de opinión; las conjeturas fueron inacabables. Franco sentía un ligero vértigo ante el encuentro con el emperador de Europa.

—Algo importante debe ser, para que el mismo Führer se desplaza hasta la frontera de Hendaya para hablar con el Caudillo. —Decían muchos.

La reunión estaba prevista para las tres y media de la tarde; Hitler se había desplazado en tren desde París, haciendo su entrada a la estación, diez minutos antes del horario de encuentro.

Franco ese día se aloja en San Sebastián, y subido al tren de largo recorrido, en un vagón de lujo, recorre sin excesivas prisas algo más de veinte kilómetros, justo los que separan ambas estaciones. Llega con ocho minutos de retraso sobre el horario previsto. El Führer se muestra nervioso, no es de su agrado que nadie le haga esperar; sin embargo, a pesar de todo y siendo extraño, es una de las pocas veces que contiene su enojo, recibiendo con efusividad a su pequeño amigo del sur. Tiene algo importante que pedirle y no quiere que un mal gesto lo dificulte. Algo ha oído sobre la soberbia del pequeño militar español. Ya habrá tiempo más adelante —piensa— para poner las cosas en su sitio.

En los andenes de la estación, los dos dictadores desfilan pasando revista a las tropas alemanas. Una sobria mesa y dos sillas les esperan dentro del vagón. El Führer tiene planes.

Desde el comienzo de la guerra civil, aunque solo fueran mil trescientos metros, era la primera vez que Franco salía al extranjero. No volvió a hacerlo nunca más. Unos dicen que por miedo; él siempre respondía… Porque en España se vive muy bien.

En un alarde de educación y cortesía, el dictador alemán pidió permiso al dictador español, para cruzar con su ejército la península y tomar posesión del Peñón de Gibraltar. Franco no se lo dio; el Führer irritado admitió su derrota y con el rabo entre las piernas, en pocas horas volvió a París con las manos vacías. Posteriormente, todo el mundo hacía la misma pregunta: ¿Por qué, el dominador de Europa, como estaba acostumbrado, no tomó al asalto, el camino hacia Andalucía? Nadie supo aclararlo; sería materia de los historiadores dar alguna explicación convincente.

Lo cierto es que la Segunda Guerra mundial continuó y aunque Franco ya había ganado la suya, Hitler perdió. España comenzó un largo período de aislamiento internacional. La frontera entre Irún y Hendaya se mantuvo cerrada; la guerra terminó en 1945 y tres años después (doce desde que fue bloqueada por los militares golpistas) se abrió definitivamente. Los nuevos aires europeos, aún tardarían muchos… muchos años en cruzar la frontera.