—Abuelo, ¿Por qué no se lo contaste a papá?

El abuelo sonríe, quizás algo enigmático en la mirada, quizás algo huidizo ante la pregunta. Quiere, desea contestar con palabras sencillas, incluso con gestos aclaratorios e indicativos del porqué.9

—Puesss…

El abuelo siempre ha utilizado palabras sencillas, sin recovecos; siempre ha gustado de llamar al pan, pan y al vino, vino. Pero cuando el primero era duro y el otro agrio… mejor callar. Hace años, muchos ya, tantos como el recuerdo, sabe que sacrificó —mejor, perdió; mejor, le robaron— el pan que alimentaba su espíritu. Incluso el otro, el de trigo o cebada, lo racionaron. También sabe que sacrificó —mejor, perdió o le robaron— el caldo que regaba su voluntad. Incluso el otro, el de la vid resecada, se lo sirvieron en porrón y aguado —para olvidar penas, le decían— pero de eso hace tantos años…

—Puesss…

—¿Pero no olvidaste, verdad? —Pregunta la nieta.

—Cómo podía olvidar… Hay cosas que caminan con uno hasta el final. —Contesta el anciano.

Un leve acento de altivez se entrevé tras sus concisas palabras.

—¿Que podría yo decir a tu padre? ¿Qué mis fantasmas y mis miedos debían ser los suyos? Acaso… ¿Qué jamás repitiera a nadie lo que de mí pudiera oír? O quizás y ante el riesgo… ¿Qué la discreción debería ser su escudo protector, su seguridad? Ya, ya sé que la ocultación es el olvido, pero debes entender, que el silencio fue uno de nuestros tributos, una de las monedas que debimos pagar para sobreponernos y acaso, sobrevivir al dictador; eso sí, los que pudimos conseguirlo. Otros muchos, demasiados, quedaron en el camino, en la cuneta; y no solo en el tiempo de eso que se dio en llamar «La Contienda» —palabra edulcorada— Tres años decían que duró. ¡Mentira! Fueron cuarenta, solo que en los últimos treinta y siete, los palos siempre vinieron del mismo lado; siempre los recibían los mismos…

¿Miedo? Claro… ¿Vergüenza por el miedo? Ninguna. ¿Pena por el silencio? Toda.

—Abuelo… el otro día, el padre de una amiga nos decía que –el pasado, pasado está- que mejor olvidar, que resulta más prudente, más conveniente mirar al frente, nunca atrás. Que España se rompió en dos; que acaso removiendo las cosas sucias, terminemos manchando nuestro tiempo, nuestro presente; que hoy, y debemos aprovecharlo, somos la generación mejor preparada de la historia; que…

—Vosotros —interrumpe el abuelo— ahora deberíais quebrar «la callada»; a nosotros nos rompieron en mil astillas, en mil desapegos; a nosotros nos robaron la memoria, nos ocultaron el presente de cada día; ahora ya es pasado. Yo sé hija mía, que durante muchos años, he caminado por la sombra del silencio; pero también sé que mis recuerdos son míos, y por ellos, sé de dónde vengo, y aunque el resto de mi viaje sea corto, sé a dónde voy. Mis miedos me atenazaban; esos mismos me obligaron ante tu padre a silenciar el pasado. Comprenderás que por nada del mundo, deseaba que él, volviera a pisar sobre mis huellas, camino de sufrimiento. ¿Actué bien?  No lo sé, no era libre y por tanto…

Ese señor, el padre de tu amiga; quizás con buena intención, habla de crear un futuro sin mirar atrás, sin espejo retrovisor. Dice que sois la generación mejor preparada, y probablemente sea cierto; pero yo te digo, que siendo así, no podéis evitar ser una generación también coja; también falta de formación. ¿La mejor preparada en conocimientos científicos y tecnológicos? —¡Sí! ¡Sin duda!— ¿La mejor preparada para afrontar los retos del presente…? Perdóname si te ofendo, pero lo dudo. El pasado y el futuro, son dos extremos de un mismo sendero; y llegar al futuro sin conocer el camino recorrido, es como andar a tumbos, a círculos. En mayor o menor grado, el olvido, siempre, siempre será una limitación.

Hija m13307443_1126116087440611_3761249213002358887_nía, es cierto, hay causa y motivo en tus razonamientos. No lo hablé con tu padre, no me atreví; eran otros tiempos. Quizás antes no supe o no pude, pero ahora sí. Haces bien en preguntar, haces bien en querer saber más. Tu pasado, tu presente y tus sueños o aspiraciones, son todo uno; indivisible. Hacia atrás aún existen barreras, pero éstas no son infranqueables, solo fantasmas del pasado, temores que los de mi generación, los que venimos de lejos, poco a poco y ayudados por vuestra curiosidad e interés, vamos eliminando. Gracias por preguntar.

Vladimir Merino Barrera

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