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El general Friedrich Paulus tiene a su mando el sexto ejército alemán, sale de Kiev con cuatrocientos mil soldados y con un objetivo claro. Hay que llegar y tomar Stalingrado; el reto es inmenso, necesita una maquinaria bélica y humana bien engrasada, incluso necesita ayuda puntual de otras unidades para evitar un excesivo desgaste por el camino. Se apodera con enorme dificultad de la ciudad ucraniana de Járkov a medio camino del objetivo final; ha sido la segunda conquista importante dentro del programa de la operación Barbaroja y parece que el camino comienza a despejarse, no se ven grandes obstáculos para seguir adelante y poner en acción la siguiente fase del plan Operación Azul – conquista de Stalingrado.

El invierno entre 1941 y 1942 se cruza en su camino y es algo que… una vez más, ocurrió con Napoleón, complica las cosas a los invasores. El general Paulus consciente de las limitaciones de su ejército para abrirse paso en tan duras condiciones, solicita al Führer suministro urgente de ropa apropiada para sus soldados; solicitud que llega a oídos sordos, recibiendo a cambio la orden de luchar hasta el final con los medios de que dispone. Con aparente contradicción por sus quejas, Hitler lo eleva al rango de Mariscal de Campo recordándole a la vez que hasta el presente, ningún mariscal alemán, ha rendido nunca sus tropas ante el enemigo.

En agosto de 1942 llega a Stalingrado con más de doscientos cincuenta mil soldados, muchos de ellos exhaustos, incluso algunos con tifus pero lo hace al igual que ocurrió en Moscú, con una potente maquinaria bélica capaz de destruir todo lo que se ponga a su alcance. En pocos meses conseguirá que la ciudad quede reducida a escombros en un noventa por ciento y fallezcan dos millones de soviéticos entre militares y población civil. Sin embargo, perderá la batalla; en febrero de 1943, nuevamente un invierno más, el potente ejército nazi queda diezmado, solo seis mil soldados sobrevivirán a la contienda y podrán volver años después a sus hogares; será el comienzo del fin de una locura imperdonable.

Extracto de la novela “TODO COMENZÓ CON ESA MALDITA GUERRA”