DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA

image_of_triangle_shirtwaist_factory_fire_on_march_25_-_191125 de marzo de 1911, sábado por la tarde, al este del Washington Square Park, en Greenwich Village, Nueva York; un edificio con diez plantas; la 8ª, la 9ª y la 10ª marcan la diferencia. El incendio ha dado comienzo a las 16,40 horas y mientras unos dicen que fue una colilla, otros indican su origen en el calentamiento del motor de una máquina de coser. Sea como sea —ya importa poco— las tres plantas arden, las llamas respiran por las ventanas, el humo indica a los bomberos el lugar, la fábrica es de textil, especializada en la confección de blusas para mujeres, las famosas en EE.UU. “shirtwaists”. Una industria allí en lo alto, más cerca del cielo, ¡Sí! pero ese día desgraciadamente… mucho más lejos de la tierra, de la salvación.descarga

Los bomberos desean ascender y llegar hasta el fuego, imposible; a la primera carga se desmorona la escalera de incendios (solo hay una) y queda inutilizada. Las puertas de las plantas 8ª, 9ª y 10ª están cerradas; nadie debe ausentarse en horas de trabajo. Días
atrás la gerencia de la fábrica había decidido cerrar el acceso a las escaleras interiores, bloqueó las salidas. —Hay que evitar los robos de blusas— Decían. Solo se abrirán al final de la jornada; nueve horas de lunes a viernes y siete los sábados, cincuenta y dos horas semanales. —Es lo habitual—

Desde la altura, los cristales de las ventanas estallan; nadie sabe si por la alta temperatura o por la desesperación de algunas trabajadoras que han optado por saltar al vacío. El resultado es el mismo, quizás algo menos doloroso, igual de trágico. En el interior las llamas ahogan los gritos, el humo asfixia las gargantas, los derrumbes bloquean las esperanzas. En el exterior las redes de seguridad son ineficaces y parten como hojas de papel, las escaleras de los bomberos son demasiado cortas para cubrir la necesidad; la ayuda además de llegar tarde resulta ineficaz. La tragedia está servida.

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Isaac Harris y Max Blanck propietarios de la fábrica se echan las manos a la cabeza; desde abajo, a lo lejos y sobre la acera observan el desastre ¿Cómo ha podido ocurrir? se preguntan entre ellos, están asustados y temerosos; dicen temer por la vida de las trabajadoras, ocultando eso sí, con sabia disciplina y merecidos modales, el desasosiego por el futuro de su negocio.

Irenka Kozlowski lleva once años en el país, cuatro en la fábrica, trabajadora de origen polaco de 42 años y que por simpatía ha cogido cariño a Paola Biancheto, la niña de 15 años nacida en EE.UU. e hija de emigrantes italianos, también trabajadora y compañera de turno de la primera. Encontraron sus cuerpos abrazados, se comenta que muertas por inhalación tóxica y posteriormente carbonizadas.

Mujeres, la mayoría del Este de Europa, también de Italia. Mano de obra barata y emigrante (como gran parte en EE.UU). Mujeres y jóvenes; de todas ellas, la mayor 48 años, la menor 14. Entre estos dos extremos, 123 trabajadoras con salarios entre 7 y 12 dólares semanales han puesto precio a sus vidas. No hay compensación, solo la historia y el recuerdo será su recompensa. El ocho de marzo de cada año y en todo el mundo su necrología, también su infortunio serán evocados. Ellas nunca lo sabrán, pero su desdicha, su sacrificio, en un futuro se convertirá en el faro, en la estrella que habrá de guiar los pasos reivindicativos de la mujer trabajadora. Aún queda mucho por hacer.

En el incendio, además, fallecieron 23 varones.

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Vladimir Merino Barrera

 

 

Un comentario sobre “-SUCEDIÓ EN 1911

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