Debe ser como decía Pio Baroja que, cuando uno se hace mayor le gusta más releer que leer. Recientemente y en segunda oportunidad, he terminado la lectura de OLVIDADO REY GUDU. La primera lo fue hace años, acaso quince o más. Fue tal el sabor que dejó en mi ánimo, tal el disfrute de sus páginas, que me prometí a mí mismo y tras dejar correr —sin prisas— el tiempo necesario, no abandonar el libro en el anonimato de las estanterías, desempolvarlo algún día, revivir sus relatos y aventuras desde la primera a la última página. No he podido menos que considerarlo un segundo y extraordinario autorregalo.

Por su contenido podría parecer una novela de fantasía y, quizás así sea. Sin embargo, por las tragedias narradas, por los sentimientos bondadosos o perversos que de ella emanan, podría ser un espejo de la cotidianidad que nos rodea: Amor, ambición, generosidad, crueldad, universos reales, universos paralelos…
¿Emula OLVIDADO REY GUDU al Señor de los anillos? ¡No! ¿A Juego de Tronos? ¡Tampoco! Y, sin embargo, tiene algo de ambos. Aunque en el caso del segundo y si hablamos de influencias, mejor sería decir que la obra de George R.R es heredera de la narración de Ana María Matute.
Recojo aquí algunas reseñas publicadas en la prensa o por encabezamientos editoriales:
—La novela está repleta de fábulas, fantasías y personajes imaginarios. Es una de las grandes novelas españolas de los últimos veinticinco años. Narra el nacimiento y la expansión del Reino de Olar, con una trama llena de aventuras y de un paisaje simbólico: el misterioso Norte, la inhóspita estepa del Este y el Sur, rico y exuberante, que limitan la expansión del Reino de Olar, en cuyo destino participan la astucia de una niña sureña, la magia de un viejo hechicero y las reglas del juego de una criatura del subsuelo. Tejida de realidad y leyenda, de pasado y presente, Olvidado Rey Gudú constituye también una gran metáfora del alma humana y su historia, alentada por los deseos y las inquietudes que desvelan al ser humano desde hace siglos.
— Su autora lo señaló como su libro favorito de entre sus obras, y se lo ha calificado como un «clásico de culto». La novela tiene una ambientación medieval con elementos de la literatura fantástica, libro de caballería y cuento de hadas. Ha sido caracterizada como una alegoría antibelicista, aunque otros críticos le dan un carácter universal, una «obra sobre el tiempo y sus criaturas» donde la historia que se narra es «la historia de las emociones humanas».
— Tras un largo periodo de silencio, recién cumplidos los setenta años y al poco de ser elegida miembro de la Real Academia, Ana María Matute publica una novela que comenzó a elaborar hace un cuarto de siglo. En ella se narra la historia del reino de Olar, un imaginario país del norte europeo gobernado por Gudú, guerrero rudo e incapaz de amar, y por su madre la reina Ardid, ambiciosa y muy hábil para manipular a quienes la rodean. La acción, que transcurre en los tiempos del alto medievo, trata de los esfuerzos de ambos protagonistas por ampliar sus territorios, mediante las armas o las intrigas. En este empeño se dejan la vida, sin apenas disfrutar de ella, consumidos por el afán de poder y la zozobra de perderlo.
—La autora ha desarrollado una saga legendaria, de remoto parentesco con las de la mitología nórdica, por la que transitan, mezclados con seres humanos, elfos, gnomos, ondinas, trasgos y otras criaturas fantásticas. Pero, más allá de estas concesiones a la ficción, se encierra un trasfondo realista, el drama psicológico y moral de unos personajes muy humanos en cuyas almas se agitan pasiones de siempre.

—La obra no es, así, una fábula poética o un cuento de aventuras; más bien trata de transmitir con este ropaje una historia que plantea la elección clásica entre ambición y generosidad. El estilo, sencillo, vitalista, muy atento a impresiones sensoriales, hace el libro fácil de leer, lo cual aligera el quizá excesivo número de páginas.
—Ana María Matute fue una de las más reconocidas escritoras españolas del siglo XX. Ganó, entre otros, los premios Nadal, Planeta, Cervantes, Nacional de narrativa y de letras españolas y Príncipe de Asturias. Perteneció a la RAE (asiento K).
—Cuando el Instituto Cervantes le pidió que, a modo de legado, depositara un objeto en su Caja de las Letras para las generaciones venideras, dejó una primera edición de su Olvidado Rey Gudú (1996). «¿Qué puedo dejar si no es un libro? La literatura es mi vida». «Quiero que dentro de 20 años se me recuerde por mis obras, porque los libros son la forma de perdurar y de estar en la memoria de los que nos amaron».
Regresando al principio, a la relectura de un buen libro, me quedo con la opinión de Stephen Vizinczey (En brazos de la mujer madura y otros relatos), cuando decía: «Leer sobre un libro para poder charlar de él, no es lo mismo que comprender porque es bueno. Es necesario releerlo para entender su estructura, qué la hace dramática, cuales son sus ritmos, sus impulsos…»
Olvidado Rey Gudú ha sido un placer de relectura, un redescubrir la belleza emanada de una gran escritora. Dejemos volar la imaginación, saltemos a la realidad de lo inverosímil y, disfrutemos de su fábula.
Extraordinario y sencillo comentario Vladi. Has conseguido contagiarme las ganas de leer el Olvidado Rey Gudú. Gracias amigo.
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Gracias a tí por tus palabras de ánimo, amigo/a anónimo.
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