—¡Mencióname una novela de Máximo Gorki! —Solicité a un amigo entendido en literatura, aunque no forzosamente en literatura rusa.

         —¡La Madre! —Respondió de inmediato.

         —Bien, Rubén. ¡Otra!

         —¡Umm! —Con gesto dubitativo, como quien hurga en el armario de su intelecto, esforzado por no ver degradado su prestigio literario, se resiste a aceptar la derrota y, durante varios y anodinos segundos, tras esa continuada e insulsa onomatopeya del ¡Umm! asume la rendición. De Gorki solo sabe, solo ha leído La Madre. Esa bella novela de tintes transformadores donde mamá Pelagia, tras mil acontecimientos terminaba asumiendo los postulados de su hijo Pável. Se trataba nada más y nada menos que de poner fin al despotismo del Zar, también a la subyugación del campesinado ruso al feudalismo dominante. Vamos, novela de cabecera para quien desde el arte literario desee conocer los albores de la revolución bolchevique.

         Tranquilizo a mi amigo Rubén. Incluso él mismo, con una sucinta disertación sobre la biografía de Gorki, pretende salvar su —y ante mí—, para nada reducido prestigio. Me indica que a la edad de cuatro años el escritor ruso perdía al padre, ejerciendo un importante papel sus abuelos en el inicio del amor a la literatura. Además, me menciona que a los quince años abandonó el hogar buscando refugio y manutención con diversos quehaceres: largas navegaciones por el río Volga y numerosos viajes, siempre con aprendizajes incompletos al sur de Rusia y a Ucrania. Mi amigo Rubén dice saber que además de La Madre —aunque como ya he mencionado, no recuerda los títulos—, poseía una amplia creación literaria, incluso con aportaciones en obras teatrales, manteniendo amistad con León Tolstoi y con Antón Chéjov. Que, derivado de su conciencia social, militó activamente en las filas bolcheviques entablando amistad con sus máximos dirigentes.

También, y porque ni la vida ni la muerte son rectilíneas, Rubén me referencia el fallecimiento de Gorki recreado en todo tipo de especulaciones. Ocurría —me explica— que siendo defensor de sus colegas rusos (escritores no alineados con la oficialidad), en los últimos días de su vida, instalándose una opaca nebulosa, se le obligó a sobrellevar un ofensivo arresto domiciliario. Tal vez su amistad con el dirigente Nikolái Bujarin, ejecutado por sus postulados antiestalinistas nos daría alguna pista.

—Oficialmente —concluye mi amigo—, Máximo Gorki tras un largo padecimiento de tuberculosis fallecía de neumonía.

Tras esta concisa pero interesante información, paso yo a referirle algunas conclusiones o aspectos de una pequeña obra de Gorki.

Resulta —le comento— que en los tres días de ingreso en el hospital, debido a una pequeña insuficiencia cardíaca, a través de internet y por efecto de la casualidad, pude disfrutar de un pequeño relato —también desconocido para mi— de nuestro héroe, Máximo Gorki. Su título: Varenka Olesova.

Varenka Olesova, es una mujer joven de origen campesino perteneciente a una familia de la nobleza rusa en decadencia. De fuerte personalidad: independiente, vivaz, espontánea…, enérgica como el trueno de una imprevista tormenta.

Su vida es la pasión; la pasión por la naturaleza, por la eliminación de trabas y ataduras propias del formalismo burgués; de la franqueza hace su forma de actuar, su relación social. Su fuerza.

«Detesto con toda mi alma a los hombre pequeños, remilgados, modestos. Un hombre debe ser fuerte, alto; debe hablar en alta voz; debe tener unos grandes ojos ardientes; debe ser audaz, no detenerse ante ningún obstáculo, hacer lo que le de la gana. ¡Eso es un verdadero hombre!

—¡Pero, más bien es una fiera lo que usted acaba de pintar! No comprendo los atractivos de ese monstruo».

…responde a Varenka el dubitativo y enamoradizo joven de buena posición, Hipólito Sergueievich

«Nada de eso, no es un monstruo, es un hombre, un verdadero hombre. Su atractivo está en la fuerza. Los hombres de ahora nacen ya acatarrados, con reuma y mil enfermedades… ¿Qué hijos pueden tenerse con maridos así?… Yo a un marido así le pegaría».

         El relato se sustenta sobre la relación de atracción y rechazo entre Hipólito y Varenka. Choque entre culturas, diferentes maneras de ver y concebir el mundo y la vida. Él, de ciudad, ella del campo. Él, culto, educado, cerebral, planificador; ella directa, explosiva, expansiva…

Hipólito Sergueievich que creía poseer un completo domi­nio sobre sí mismo, se convierte en esclavo de su platónica pasión por Varenka.

Va­renka ama los libros que hablan de héroes y de espléndidas empresas, ama a los hom­bres que viven intensamente, que son bellos y fuertes. Pero en la pequeña ciudad pro­vinciana, los pretendientes a su mano son feos e insignificantes…

Entre quien desea una vida plena, instintiva, sin ataduras, libre de falsos y utópicos proyectos, Gorki analiza el contraste con quien ve y organiza la vida a través de una planificación a largo plazo, con el riesgo y sobrecosto de un posible divorcio de la vida real. También y entrelíneas —porque si no Gorki no sería Gorki—, nos recuerda las injusticias de la Rusia zarista, del tosco vivir de aquellos mujik sin tierra, de la necesidad de poner coto a las injusticias sociales, etc.

Varenka Olesova —indico a mi amigo Rubén—, es una pequeña obra de arte, apenas noventa páginas de fácil lectura al servicio de un audaz recorrido por las inquietudes y fantasías del gran escritor ruso, Máximo Gorki (1868 -1936)

Tentado mi amigo por la escueta información realizada líneas arriba y, a sabiendas de que la novela está libre de derechos de autor, no ha dudado a través de este mismo medio, en descargar el relato en formato digital (PDF). Espero y deseo que lo disfrute.  

Enlace para la descarga de Varenka Olesova:

https://drive.google.com/file/d/1dejxYTiS1UQA9JG0E7ERmG2Vr6fcS4CF/view?usp=sharing

3 comentarios sobre “-Varenka Olesova

Deja un comentario