Franz Kafka pertenece a esa clase de escritores famosos que, aun existiendo personas desconocedoras de sus escritos, o sin haber siquiera tenido en las manos alguno de sus libros, mecánicamente recurren a él para definir una determinada situación o un determinado estado de ánimo. Por sí solo, este hecho evidencia la transcendencia social de sus narraciones. Lo hace a pesar de las difíciles circunstancias tanto personales como sociales en que desarrolló su actividad literaria, circunstancias a las que deberíamos añadir las padecidas por su obra años después del fallecimiento del autor.

          Nacido en Praga el año 1883 en el seno de una familia judía de origen germano, su padre Herrmann Kafka presionado por un entorno violento originado por el nacionalismo checo, y para sacar adelante su negocio de sastrería masculina, optó por reducir la germanofilia de su nombre simplificándolo en un más sencillo Herman. Hombre excesivamente rudo, fue causa permanente de la inadaptación del joven Franz al entorno familiar; su madre y sus hermanas, en especial Ottla, su favorita y más joven de las tres, fue el principal soporte en unos años de difícil engarza en la relación con el progenitor. En su escrito ‘Carta al padre’ podemos apreciar con nitidez esa desafección. Franz Kafka, con una muy débil salud y afectado de tuberculosis fallecía un mes antes de cumplir 41 años. Con la altura de un metro ochenta y dos, en sus últimos días de vida con cincuenta y cuatro kilos, poniendo en valor la agudeza de su sentido del humor (o del realismo) escribía:

«Mi cuerpo es demasiado largo para tanta debilidad, no tiene ni un ápice de grasa que pueda engendrar la bendición de un poco de calor …/… ¿Cómo va a ser capaz mi corazón, que tantos problemas me da últimamente, de bombear sangre por todo lo largo de estas piernas? Bastante hace con llegar a las rodillas y verter desde ahí una fuerza ya senil en las frías partes inferiores de mi cuerpo»

Tras el tortuoso caminar de su existencia, nos legó obras tan inmortales como ‘El proceso’, ‘La metamorfosis’, ‘El castillo’, ‘Carta al padre’, ‘América’, ‘El médico rural’… Todo un mundo de ficción con un poderoso arraigo de realidad. Kafka —aunque pueda parecer desatinado dada la personalidad de su transmutable Gregorio Samsa—, no inventaba personajes, los sacaba de lo cotidiano; no improvisaba los escenarios, los copiaba de la propia realidad. Rodeaba a sus seres de la frivolidad y deshumanización con que se rigen infinidad de aspectos de las relaciones humanas.  

          Franz Kafka, dentro del infortunio —quizás para su suerte— falleció unos años antes del ascenso del nacismo. Sus tres hermanas, Elli, Valli y su adorada Ottla morían asesinadas por los alemanes en las cámaras de gas de Auschwitz II-Birkenau el 7 de octubre de 1943. Sus tíos Siegfried y Ruddolf ambos por parte materna optaron por el suicidio ante la eminente detención y deportación a un campo de exterminio. Sus libros, al amparo de las «tesis expurgatorias contra el sentimiento alemán», y argumentando que «el judío solo puede pensar en judío, y si escribe en alemán, miente», ardían por millares en el akelarre originado por Joseph Goebbels en la noche del 10 de mayo de 1933. También fue prohibida su difusión y lectura en la URSS; en Checoslovaquia, su país de nacimiento, la prohibición se mantuvo hasta el año 1989. Fue necesaria la caída del Muro de Berlín para que en Praga se abrieran las puertas a los escritos de un Franz Kafka, al que se le tenía vetado ser profeta en su tierra.

A los tres días del fallecimiento, en el ya extinto periódico checo ‘Národni Listy’, su gran amiga Milena Jesenská escribiría el 6 de junio de 1924:

«…era tímido, retraído, suave y amable, y sin embargo, los libros que escribió son impresionantes y dolorosos. Veía un mundo repleto de demonios invisibles que desgarran y aniquilan a los indefensos seres humanos. Era demasiado clarividente, demasiado inteligente para poder vivir y demasiado débil para poder luchar …/… Comprendía a la gente como sólo puede hacerlo alguien de sensibilidad grande y nerviosa, alguien capaz de reconocer a los demás al primer golpe de vista, casi como un profeta. Su conocimiento del mundo era extraordinario y hondo».

Pocos como Franz Kafka para, a través de sus relatos e inigualables novelas, hacernos comprender el desbarajuste social de los monstruos burocráticos, los desaguisados y las distorsiones a que condenaron a Europa en el siglo XX.   

          Tal vez sea el autor del que más se ha debatido, del que más se ha estudiado lo que escribió y por qué lo escribió. Sicólogos, psicoanalistas y qué se yo cuantos expertos en su obra, son incapaces hoy en día de ponerse de acuerdo en la interpretación de sus motivaciones, de sus sentimientos. Quizás nunca se cierre el debate de hasta donde predominaban en sus personajes literarios los demonios sobre los ángeles. Y pensar que su padre lo repudiaba por la intrascendencia del escribir… Qué sabría él de la capacidad de los libros en sobrevivir a sus autores, incluso a su tiempo.

7 comentarios sobre “-FRANZ KAFKA

  1. Dices: Pocos como Franz Kafka para, a través de sus relatos e inigualables novelas, hacernos comprender el desbarajuste social de los monstruos burocráticos, los desaguisados y las distorsiones a que condenaron a Europa en el siglo XX. 
    Vladi, igual sigue la España del XXI, de burocracias seguimos sabiendo mucho, de desaguisado y distorciones somos expertos. Los textos de Kafka mantienen una actualidad incuestionable.
    Magnífico acercamiento a uno de los grandes de la literatura universal. Gracias.

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  2. Otra vez aprendo cosas nuevas de un personaje historico gracias a ti, eres un crack, sigue con estas enseñanzas que al menos yo voy a seguir siendo un fiel seguidor tuyo. Gracias de tu vecino

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  3. Gracias a los conocimientos transmitidos por mi amigo Vladi, me siento mejor persona y de este modo podré ser más útil la sociedad.
    Eskerrik asko!!!

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