Junio – (DE RATONES Y HOMBRES)

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SINOPSIS:

Dos trabajadores del campo en California durante la Gran Depresión, George Milton, un hombre inteligente pero sin formación, y Lennie Small, un hombre de gran estatura y fuerza, pero limitadas habilidades mentales, están en camino hacia la otra parte de California, «Soledad». Esperan cumplir algún día el sueño compartido de tener sus propias tierras y sus propios animales.

En plena era de la depresión norteamericana, y a pesar de las pocas esperanzas de conseguir trabajo debido al retraso mental de Lennie, son contratados en el Rancho Tyler. Ven cómo su vida progresa a pesar de la estricta supervisión de Curley, el desagradable hijo del jefe. Desgraciadamente su mundo se tambalea cuando la insatisfecha esposa de Curley se convierte en víctima inocente de la compasión de Lennie, forzando a George a decidir entre su amistad o él mismo.

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Entre su legado, John Steinbeck, autor también de la gran novela “LAS UVAS DE LA IRA” y llevada al cine en 1940 por John Ford, nos dejó esta maravillosa historia cargada de humanidad y drama entrelazados.

DE RATONES Y HOMBRES es una novela sincera y de relato asequible, fácil de leer. De una sentada pueden caer sus poco más de 160 páginas. Una historia exenta afortunadamente de grandes épicas, moldes innecesarios que muestran la capacidad del autor para llegar a lo más profundo del sentimiento humano.

John Steinbeck utiliza palabras sencillas, nada rebuscadas ni de difícil interpretación. Consigue poner en nuestras manos un relato cargado de amistad, herramienta imprescindible en ese transcurrir nublado de la tragedia de Lennie y George, principales protagonistas. Amistad llevada hasta las últimas y dramáticas consecuencias, alejando la resolución final de convencionalismos al uso, falsos y edulcorados las más de las veces.

Y como contrapunto, quizás porque la vida así lo expresa, relato también cargado de personajes soberbios y vanidosos. Transgresiones o vilezas, que el autor desea resaltar a la hora de exponer los distintos claroscuros de una sociedad y un país, inmersos en la terrible depresión, no solo económica.

De RATONES Y HOMBRES, también fue llevada al cine en 1992, interpretando John Malkovich el papel del inocente Lennie.

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UN TROLL ANDA POR MI CASA

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UN TROLL ANDA POR MI CASA

Y por la tuya, y por la del vecino, hasta por la de mi abuela, que bastante tiene con sufragar el tiempo disfrutando de sus recuerdos.

Ni tu ni yo, nadie podemos escapar a la vorágine, a la insaciable voluntad de globalizar su omnipresencia, de ser esa estúpida noticia que de un tiempo a esta parte, día sí y día también, con sonrisa fingida y bravucona, con gesto irritante, o con ensayada y mal interpretada bravuconería, todas las mañanas nos desayunamos. Un troll llamado Trump, ha entrado en mi casa, y en la tuya…

—Apaga la tele, desenchufa la radio, no leas la prensa, desconecta el wi-fi, libérate de los medios… y relájate; no te cabrees y disfruta. —Me recomienda un amigo.

Lo pienso, le doy cuatro vueltas, intento comprender y al final pregunto:

—¿Qué mire para otro lado, me quieres decir?

—¡Sí, sí, eso! Que le den, nosotros a lo nuestro, a vivir que son dos días. Además… ¿Qué podemos hacer? ¡Que se joda! ¡Como si no existiera! ¿Me entiendes?

—Claro que te entiendo. —Contesto.

La tentación es muy grande; expulsar al troll, evitar los senderos donde pueda cruzarme con él, salir a la calle y respirar el aire limpio de primavera, observar lo armonioso y esquivar los aguijones.

En esas estaba, cuando así, como de un soplo o un sopetón, como reclamándome algo de esa vieja conciencia casi olvidada, de algún pequeño y medio oculto almacenaje de neuronas, brotaron unas estrofas casi olvidadas de Martin Niemöller:

Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista”.

Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.

Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.

Luego vinieron por los periodistas, y yo me quedé callado, pues no me interesaba enterarme de nada.

Luego vinieron por los homosexuales y yo ni siquiera quise enterarme, pues soy heterosexual.

Luego vinieron por los negros, pero como soy blanco, tampoco hice nada.

Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie al que le importara ni que quisiera hacer nada por mí”.

Pastor alemán encarcelado de 1937 a 1945 por el gobierno de Hitler.

¿Y ahora…?

En la era de las grandes tecnologías, de la comunicación inmediata, de los viajes interplanetarios… Ahora nuevas y estúpidas proclamas, alimenticias todas ellas de espíritus y voluntades faraónicas renacen y piden paso.

«AMÉRICA PRIMERO» y si no eres americano… (De USA, claro) al patio, al gallinero, allí donde no molestes, allí donde no desvirtúes los más sagrados sueños americanos, los del último pueblo elegido. Primero fueron los judíos, israelitas los llamaban; después fueron los alemanes, Arios los llamaban; ¿serán éstos, los nuevos mensajeros del bien contra el mal, la última generación de apocalípticos?

Quiero pensar que no, mejor aún, no lo creo. Quiero convencerme de que son más, muchos más los americanos (de USA, claro) que en nada de tiempo, harán primar la inteligencia sobre la ostentación de mala educación y zafiedad, esa de la que el nuevo troll presume y con la que me visita todos los días por la mañana. Es una esperanza.

Vladimir Merino

JUAN MADRID, ajustando cuentas con la transición.

JUAN MADRID

“PERROS QUE DUERMEN”

NUEVA NOVELA DE JUAN MADRID

Madrid, 2011. Juan Delforo, periodista y escritor, hijo de padres republicanos y con un pasado de militancia en la lucha antifascista, acude a un chalet de El Viso para recoger el legado de un hombre que no conoce y que acaba de morir. Se trata de Dimas Prado, un comisario, viejo falangista, que se relacionó en el pasado con los padres de Delforo y ha ejercido de protector en la sombra del joven disidente.
Burgos, 1938. Dimas Prado es encargado de la investigación del espeluznante asesinato de una jovencísima prostituta a manos de un jerarca del  bando nacional. La investigación, que tendrá por objeto borrar cualquier rastro del crimen, permitirá relanzar la carrera policial de Dimas Prado, que cuenta con la ayuda del siempre fiel Guillermo Borsa.
Málaga, 1945. El padre del protagonista, Juan Delforo, militar republicano que luchó en la Defensa de Madrid, es detenido y condenado a muerte. Dimas Prado intercede por él a cambio de una información fundamental para su futura carrera política y le permite un encuentro con su mujer, Carmen Muñoz, a la que le unían lazos nunca revelados.
¿Por qué el viejo comisario quiso como última voluntad que Juan Delforo heredara su historia?
¿Puede un novelista contarlo todo?
¿Qué verdades se esconden tras las lealtades ocultas de estos personajes?
Juan Madrid, en la que es su novela más ambiciosa hasta el momento, nos lleva a través de las páginas de “Perros que duermen” a aquella época sombría de la guerra y la posguerra civil, y a sus ecos en la construcción de nuestro presente. Una novela de intriga, inquietante y estremecedora, con personajes complejos, contradictorios y ricos en matices, que nos hará reflexionar sobre el género humano y sobre la necesidad de contar historias.

 

-MAYO (El Extranjero)

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La primera redacción de esta novela tuvo como título “La Muerte Feliz”.

Meursault es un joven que vive en Argel y cuya vida transcurre entre el trabajo y su apartamento, en un edificio anodino y unos pocos conocidos o amigos.

La primera parte nos sitúa ante un Mersault que asiste con indiferencia al entierro de su madre, fallecida en un asilo y continuando después su vida con normalidad, como si nada hubiera ocurrido. El tórrido y caluroso sol de Argel, asfixia a los pocos acompañantes durante el recorrido hasta el cementerio.

Las relaciones con María (amante) son normales, también lo son con Raimundo, su vecino; con este último se inician de una manera algo abrupta pero cotidiana. Y quizás por apatía, quizás para romper la espesa monotonía, lo llevan a compartir problemas, escribiendo una carta a su amante que trae como consecuencia un conflicto sentimental, finalizado con un arreglo de cuentas en una playa entre Raimundo y el hermano árabe de su amante, al que Meursault termina asesinando con disparos de revólver. Todo casi casual, todo enmarcado en el protagonismo de alguien que podríamos definir como el antihéroe de una novela.

La segunda parte rompe con la vida más o menos desmotivada y falta de alicientes, mostrándonos a un Meursault detenido y llevado a la justicia. El juicio estará bañado de reflexiones sobre la vida y la muerte, sobre el bien y el mal; conceptos tremendamente manipulables, distorsionando las cualidades humanas del reo, siempre al servicio de un ambicioso fiscal. Éste, tergiversará los hechos y la trayectoria o vida personal del detenido, donde tras un largo proceso, se determinará la condena a pena de muerte.

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La novela se lee de un tirón; es corta en páginas, pero no exenta de contenido. Todo lo contrario. Albert Camus posee la virtud de saber condensar su narración, eludiendo o evitando magistralmente los rellenos o exposiciones, tantas veces innecesarios, como monótonamente aburridos.

Albert Camus: siete de noviembre 1913 – cuatro de enero 1960

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-GUERNIKA

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Es lunes, son las cuatro de la tarde y está a punto de terminar la feria de ganado habitual en Guernika. Es el 26 de abril de 1937 y han pasado ya nueve meses y ocho días desde el comienzo de la guerra civil. Manuel se ocupa en ese momento de retirar al carro los sacos de pienso que no se han podido vender en la jornada; lo hace con la ayuda del chico alojado en la vivienda. En realidad es una forma de tener entretenido al chaval. El resto de la familia, incluido el anciano, están en casa, en la barriada de Rentería junto al puente.

El ruido y alboroto de la calle es más que considerable; habitual en los días de feria. Todos quieren vender caro y todos quieren comprar barato.  Aportan a sus argumentos para convencer, la potencia de sus voces.

Voces que quedan silenciadas al comienzo del sonido de las alarmas. La junta de defensa ha ubicado un vigía en lo alto del monte Kosnoaga; éste hace señales que percibe otro situado en lo más alto del campanario de la iglesia Santa María, inmediatamente suenan las campanas; es el aviso para el resto. Se suman las sirenas de aquellas fábricas que las tienen. Esto salva algunas vidas.

Hay que tener un buen oído para captar cualquier sonido lejano si estás en medio del rugir de las sirenas y Manuel lo tiene. Siente inicialmente un extraño ruido, como un ronroneo algo lejano; no es un ruido totalmente ajeno o desconocido. Poco a poco se incrementa y vislumbra a lo lejos, viniendo del sur, volando como dragones con vocación mortífera, un grupo de aviones, cuatro en total; tres Savoia S-79 italianos y un Dornier Do-17 alemán que rápidamente se acercan hacia la localidad. A los pocos segundos el silencio del mercado es total, nadie habla, todos miran sorprendidos hacia el cielo; solo se escucha ya ensordecedoramente los motores en el aire mezclados con las sirenas.

A Manuel le llama la atención lo bajo que vuelan —no es normal— piensa. Y en pocos segundos toma conciencia de lo que se avecina.

Cruzan Guernika casi rozando el campanario de la iglesia de Santa María, escupen su mortal veneno en el primer desfile y se alejan. A los pocos minutos son sustituidos por tres bombarderos He-111 alemanes, escoltados por varios cazas; se alternan durante cuatro horas dejando un espacio a las seis de la tarde para diecinueve JU-52 también alemanes que intercalan las bombas explosivas con las incendiarias, dando paso finalmente a cinco cazas Fiat y cinco Messerschmitt BF-109 de la Legión Cóndor, cuyo objetivo último es el ametrallamiento de civiles dentro y fuera de la población. Se tenía conocimiento de estas prácticas ya utilizadas dos meses antes; en febrero ametrallaban en el sur, a refugiados civiles que huían en columna por la carretera entre Málaga y Almería.

Al final del macabro desfile, han quedado destruidos el 70% de los edificios.

Explosiones, fuego, ruinas… Horror, sangre, muertos.

Ya no miran al cielo, huyen desesperadamente buscando refugio donde pueden; solo hay un antiaéreo perteneciente a la fábrica de armas Astra y es a todas luces insuficiente. Tras el desastre de Durango, a marchas forzadas se había decidido preparar lugares de protección antiaérea para civiles; pero es imposible, no ha dado tiempo. La primera reacción es protegerse en los portales; ponerse bajo cubierto. Peor; caen sobre sus cabezas toneladas de escombros. Corren desesperadamente en todas las direcciones. Manuel es testigo de la caída de una cornisa que aplasta literalmente al muchacho que ese día se ofreció para ayudarle; intenta retirarlo de los escombros, pero comprueba que ya es tarde, tiene la cabeza destrozada y además… Él tiene que huir, no sirve de nada arrastrar un cadáver. Corre, corre alocadamente hacia su casa; necesita encontrar a los suyos, quizás necesiten de su ayuda…descarga (2)

—¡Oh Dios! ¿Qué es esto?

La respuesta a esa pregunta angustiosa y desesperada se la podrían dar desde los despachos del alto mando militar; pero sus moradores, nunca dan explicaciones, a lo sumo tergiversan las causas para justificar su empeño destructivo, son vanidosos y prepotentes. Juegan a señores de la guerra y amos del universo. Años después se leería en las declaraciones del mariscal alemán de la Luftwalfe, Hermann Goering juzgado en Núremberg que declaró…

La guerra civil española dio la oportunidad de probar mi joven fuerza aérea y ayudar a que mis soldados adquiriesen experiencia.

En su desesperación, Manuel, esquivando escombros y cuerpos mutilados se acerca a la barriada de Rentería y comprueba para su tranquilidad que las casas cercanas al puente, aún se mantienen en pie. Cruza con cientos de personas que corren caóticamente en todas las direcciones, como un grupo de hormigas después de haberse roto su formación de trabajo.  Se acerca la segunda andanada de bombardeos; él, ya está llegando a su casa y teme lo peor, que en esta ocasión las bombas caigan sobre las casas aún intactas; pero incomprensiblemente, éstas vuelven a librarse de la locura. Llegando al portal se cruza con el anciano que camina lentamente en dirección contraria, tiene la vista perdida en ninguna parte; éste no lo ve, pero Manuel intuye que camina en busca de su nieto; por unas décimas de segundo, lo quiere retener pero es más fuerte la ansiedad por localizar a los suyos y lo deja ir… Además piensa —¿Qué le voy a decir?

Sube de tres en tres los escalones hasta el tercer piso; le falta el aire para respirar, el esfuerzo en la carrera y la desesperación han sido bestiales. Entra en la vivienda…

—¡Luisa, Luisa!

—¡Papá! —Oye la voz de su pequeña Josefina— ¡Estamos aquí!

Acurrucados los cuatro en el dormitorio y por decisión de la madre, alejados de la ventana y sentados en el suelo, los encuentra hechos un ovillo.

—Luisa… tenemos que salir fuera. ¡Vamos, vamos!

—¿A dónde? —Pregunta la mujer abrazando aún más fuerte a sus niños y con el pánico en la voz.

Para Manuel no hay tiempo ni respuestas. Solo hay urgencia y desesperación.

—No lo sé, pero vámonos ya mismo.

Con una mano eleva al pequeño Lucas y con la otra ayuda a su mujer a levantarse.

Josefina y Andrés ya están en la puerta y en un minuto los cinco salen al exterior.

—¿A dónde vamos? —Vuelve a preguntar Luisa.

—Fuera, fuera de aquí; joder… Lejos de las casas.

El descampado es la solución; ven correr en esa dirección a muchos vecinos. Hay que alejarse de la zona de bombardeos y hacia allí se dirigen.

Cruzan el puente y cuando se han alejado unos cien metros, por primera vez, Manuel oye el ruido lejanamente familiar de las metralletas; mira hacia atrás y comprueba con terror que éstas proceden de una nueva tanda de aviones que hacen su presencia con el objetivo de disparar contra todo lo que se mueva. Y lo que se mueve son personas también en los descampados. Objetivo fácil de los cazas italianos y alemanes que como aves carroñeras en busca de su presa, barren las calles rotas de Guernika sin resistirse a la tentación de buscar objetivos también por las afueras.

—¡Debajo del puente! —Grita Luisa, asumiendo por un momento la decisión de dar salida al infierno que los rodea.

—¡Al puente! —Acepta Manuel tras unos instantes de indecisión.

 

Han pasado casi tres horas desde el último rugido de los aviones, es de noche y brilla una espléndida luna. Suben a lo alto del puente y desde allí perciben que al menos el edificio donde viven, parece haberse salvado. Garbancito duerme en brazos de su madre y los otros dos niños se han portado heroicamente; son animados y felicitados por su valentía.

—No olvidéis nunca esto, hijos míos. —Comenta Manuel emocionado.

—Quizás sería mejor si pudieran olvidarlo —Piensa Luisa— Pero se reserva. Sabe que la amnesia no ayuda a sobrevivir; es una forma de engaño.

Al día siguiente, con los restos de los restos que recogen en su improvisado hogar, continúan su interminable evacuación, esta vez destino a Bilbao. Antes, Luisa sin ninguna compañía —Manuel se queda con los chicos y además no quiere ir— acude a despedirse y abrazar a su hermano y cuñada que milagrosamente han sobrevivido, no así, la carpintería y la vivienda; están sin techo y desolados.

—Venid con nosotros —les invita.

Pero prefieren quedarse allí. Dicen no tener otro destino ni nada que ocultar

—Ya sobreviviremos; aquí se ha acabado la guerra.

A las veinticuatro horas, los militares sublevados, toman posesión de las ruinas. Se ha salvado La Casa de Juntas y el mítico árbol. El general al mando del ejército del norte, Emilio Mola, había dado la orden de proteger los símbolos forales. Quizás era su forma de tranquilizar la conciencia.

Dos días después, ya en la capital bilbaína; leen en algún periódico la versión oficial dada por los militares del bando nacional sobre los bombardeos de Guernica.

Son falsas las noticias transmitidas sobre el incendio en Guernika… Nuestros aviadores no han recibido ninguna orden de bombardear la población. En su deseo de contener el avance de nuestras fuerzas, los rojos lo han destruido todo y acusan a los nacionales de sus horrendos crímenes. Mienten y mienten; en primer lugar, no hay aviación alemana ni extranjera en la España Nacional; nuestros aviadores luchan contra los aviones extranjeros pilotados por rusos y franceses. En segundo lugar, Guernika no ha sido incendiada por nosotros. La España de Franco no incendia. La tea incendiaria es monopolio de los que quemaron Irún, Éibar o Durango y de los que quisieron quemar vivos a los defensores de Alcázar de Toledo.

 

EXTRACTO DE LA NOVELA “TODO COMENZÓ CON ESA MALDITA GUERRA

-EDUARDO GALEANO

2º ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO

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Algunas frases de EDUARDO GALEANO (Escritor uruguayo, septiembre de 1.940 – abril de 2015)

-La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo.

-Al Norte y al Sur, al Este y al Oeste, el hombre serrucha, con delirante entusiasmo, la rama donde está sentado.

-Sólo los tontos creen que el silencio es un vacío. No está vacío nunca. Y a veces la mejor manera de comunicarse es callando.

-La historia de América Latina es la historia del despojo de los recursos naturales.

-El código m oral del fin del milenio no condena la injusticia, sino el fracaso.

-Cuando el Estado se hace dueño de la principal riqueza de un país, corresponde preguntarse quién es el dueño del Estado.

-Si se prohíbe la coca por el mal uso que se hace de ella, ¿Por qué no se prohíbe también la televisión?

-Si Beethoven hubiera nacido en Tacuarembó, hubiera llegado a ser director de la banda del pueblo.

-Soy un escritor que quisiera contribuir al rescate de la memoria secuestrada de toda América, pero sobre todo de América Latina, tierra despreciada y entrañable.

-No soy fanático ni religioso en política. No creo en el fanatismo, creo que los fanáticos deberían estar todos encerrados en el manicomio, porque son peligrosos.

-La violencia engendra violencia, como se sabe; pero también engendra ganancias para la industria de la violencia, que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo.

 

 

 

-ABRIL (El Barón Rampante)

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TÍTULO: EL BARÓN RAMPANTE

AUTOR: ITALO CALVINO

Una madre que sólo piensa en los cañones y las guerras, un padre anclado en el pasado más preocupado por los títulos nobiliarios que por su propia casa, una hermana convertida en monja por obligación y que desata su inconformismo preparando las comidas más grotescas, un cura con fuerte carácter pero que se queda en Babia y no se entera, un abogado silencioso harto de protocolos y por supuesto, Cosimo, un niño que se sube a un árbol y no tiene intención de bajarse nunca. Todas estas personalidades tan dispares se reúnen en una mesa para comer y es allí donde chocan y donde Cosimo toma su decisión, que llevará hasta las últimas consecuencias. Así empieza el primer capítulo de esta novela, un episodio sublime por su singular propuesta y su sentido del humor, y que sirve para embarcarnos en una novela de lo más original, y que funciona como metáfora sobre la vida en sus múltiples facetas.

Así, vemos cómo la obstinación de Cosimo llega hasta límites insospechados. Él mismo se ha auto impuesto una norma: va a vivir en los árboles para siempre. Es un gesto de rebeldía contra la imposición familiar, pero extensible a la sociedad en general. Se convierte en una forma de ver la vida desde cierta distancia, y desde allí arriba desafía al poder, a lo establecido, y con su propia idea de sociedad para los hombres. Poco a poco el lector acepta esta nueva vida, desde las más estrafalarias acciones, hasta la rutina diaria por sobrevivir lo mejor posible. En este sentido, el autor se encarga de que cada necesidad sea cubierta y de que no se encuentren lagunas en su relato debido a la dificultad de maniobra, físicamente hablando. Aunque en su mayor parte Cosimo es autosuficiente, no se negará a recibir ayuda externa. A raíz de esto, el tema de la soledad está muy presente en el libro. Nuestro protagonista sabe que aunque decidamos hacer la guerra por nuestra cuenta, no debemos separarnos de los demás o nos convertiremos en seres desdichados. Es más, Cosimo descubre que las asociaciones hacen al hombre más fuerte ante las adversidades y sacan lo mejor de él. Una vez metidos en la historia, y aunque todas estas limitaciones puedan suponer un problema, Calvino tiene mucho que contar y desborda imaginación en cada una de sus páginas.

Esta es la historia de una obstinación, pero la importancia de ser auténtico, de ser uno mismo y de mantener unos principios a pesar de las adversidades, es la esencia del libro, pero también de saber comprender a los demás, de ayudar, de no dejarse llevar por las primeras impresiones y del peligro del orgullo desmedido. Un libro fascinante que sirve de reflexión ante la vida.

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Autor

Italo Calvino nació en 1923 en Santiago de las Vegas (Cuba) y murió en 1985 en Siena (Italia). Creció en el seno de una familia de eminencias científicas, siendo la única oveja negra con tendencia a la artes. Después de probar suerte con el cine y las tiras cómicas, acabó por decantarse por la literatura. Tuvo una activa vida cultural y política en la que no faltó la aventura.

 

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Esta novela, por primera vez (que no la última) cayó en mis manos hace bastantes años. Me fascinó. Fui conquistado por su explosiva imaginación y su sarcástica cordura, a partes iguales.

Cuando alguien me ha solicitado indicar tres de mis novelas preferidas; siempre, inevitablemente, una de ellas ha sido EL BARÓN RAMPANTE.

Guardando las obvias diferencias, creo que en muchos aspectos, “Cosimo”, protagonista de esta aventura literaria, podría hermanarse con el también incomparable PRINCIPITO. Estoy convencido de que de haberse conocido, treparían juntos por los bosques de media Europa y viajarían por el espacio agarrados de la mano.

 

-EL FÜHRER TIENE PLANES

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El teatro de la barbarie ha abierto sus puertas, y por él aparecen protagonistas soberbios y crueles. Los jinetes apocalípticos piden paso con arrogancia y potencia descomunal; quieren ser únicos protagonistas del momento, no admiten sombras de terceros y creen haber nacido para dejar su huella por todos los rincones de Europa. Polonia, la primera víctima, no es suficiente; la bestia, para disfrutar, necesita alimentar su barriga y su ego; hay que abrir nuevos frentes de dominio. —Cuanto más poderosos, más temidos— Arenga Adolfo Hitler a miles, millones de ciegos paisanos que han olvidado su condición de seres humanos, para convertirse en aves rapaces y exterminadoras.

Seis meses y diez días después de Polonia, el diez de mayo de 1940, Francia recibe la visita de las botas nazis y su maquinaria bélica. Cuarenta y cinco días, ni uno más, son suficientes para la capitulación del gobierno francés y la entrega de las llaves al invasor; la resistencia no es cosa de los gobernantes. La finca o cortijo del aspirante a amo universal se va ampliando, ya pasea por Francia como si fuera el mismísimo Napoleón.

Sabe que tiene al sur un aliado natural, y que a pesar de su pequeña estatura ha demostrado, o al menos así lo piensa, tener dos cojones; ha sido capaz de meter en vereda a millones de díscolos españoles, opuestos a eso que él llama «nuevo orden».

—Quiero tener una entrevista con el general español y la quiero con urgencia… Vamos, vamos… ¡YA!

—¡SI, Führer! (líder) ¡A la orden! Contesta Joachin von Ribbentrop, su ministro de asuntos exteriores.

El servicio diplomático alemán es efectivo, conecta rápidamente con Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco y también ministro de asuntos exteriores.descarga

—Paco… —Dice el «cuñadísimo» con suave voz, casi un susurro, arrimando su delicado bigote al oído derecho del jefe— El gran Adolfo Hitler, desea tener contigo, una conversación de militar a militar.

En privado se tuteaban y esa noche, a pesar de no ser del agrado del Generalísimo, cenaban en familia. La esposa, Carmen Polo, se aburría con las «batallitas» del marido y siempre que podía, organizaba eventos familiares. Franco en esos encuentros, también se aburría soberanamente, y en espíritu, tendía a ausentarse. La información pilló al barrigudo dictador por sorpresa; del brinco y al recibirla de su cuñado tras los postres, a punto estuvo de volcar la mesa.

La reprimenda recibida fue monumental, los presentes observaban en silencio; no comprendían el motivo de la exaltación de Paco (como lo llamaban en familia los más allegados). Lívido como un cadáver, el cuñado, que lo era por parte de Carmen Polo, había creído dar al jefe el mejor postre imaginable y sin embargo… se había ganado la bronca del año.

—¡Que mierda has esperado para darme la noticia al final de la cena!  ¡CARAJO!

—Perooo… Excelencia…

—¡Ni excelencia ni leches! Desde cuando me llamas excelencia en privado ¿Eh? ¡Desde cuando!

—Perdona Paco, lo siento; yo no…

—¡Basta, basta!… Joder Ramón, siempre igual, coño. A pesar de ser una noticia de puta madre, has conseguido sacarme de mis casillas. A ver, cuéntame con pelos y señales que es eso de una reunión de tú a tú.

El Generalísimo, agarrando con la mano derecha el brazo del cuñado, sujetando una aromático taza de café en la otra y alejándose de los empalagosos familiares; arrastró a su despacho privado a Ramón Serrano Suñer. Ramón, con ese aire de tímido profesor de literatura, cruzaba su mirada con Carmen Polo, transmitiendo a ésta, un gesto combinado de impotencia y de perdón por el desaguisado, que sin desearlo, había organizado.

La noticia se extendió rápidamente por todos los círculos de opinión; las conjeturas fueron inacabables. Franco sentía un ligero vértigo ante el encuentro con el emperador de Europa.

—Algo importante debe ser, para que el mismo Führer se desplaza hasta la frontera de Hendaya para hablar con el Caudillo. —Decían muchos.

La reunión estaba prevista para las tres y media de la tarde; Hitler se había desplazado en tren desde París, haciendo su entrada a la estación, diez minutos antes del horario de encuentro.

Franco ese día se aloja en San Sebastián, y subido al tren de largo recorrido, en un vagón de lujo, recorre sin excesivas prisas algo más de veinte kilómetros, justo los que separan ambas estaciones. Llega con ocho minutos de retraso sobre el horario previsto. El Führer se muestra nervioso, no es de su agrado que nadie le haga esperar; sin embargo, a pesar de todo y siendo extraño, es una de las pocas veces que contiene su enojo, recibiendo con efusividad a su pequeño amigo del sur. Tiene algo importante que pedirle y no quiere que un mal gesto lo dificulte. Algo ha oído sobre la soberbia del pequeño militar español. Ya habrá tiempo más adelante —piensa— para poner las cosas en su sitio.

En los andenes de la estación, los dos dictadores desfilan pasando revista a las tropas alemanas. Una sobria mesa y dos sillas les esperan dentro del vagón. El Führer tiene planes.

Desde el comienzo de la guerra civil, aunque solo fueran mil trescientos metros, era la primera vez que Franco salía al extranjero. No volvió a hacerlo nunca más. Unos dicen que por miedo; él siempre respondía… Porque en España se vive muy bien.

En un alarde de educación y cortesía, el dictador alemán pidió permiso al dictador español, para cruzar con su ejército la península y tomar posesión del Peñón de Gibraltar. Franco no se lo dio; el Führer irritado admitió su derrota y con el rabo entre las piernas, en pocas horas volvió a París con las manos vacías. Posteriormente, todo el mundo hacía la misma pregunta: ¿Por qué, el dominador de Europa, como estaba acostumbrado, no tomó al asalto, el camino hacia Andalucía? Nadie supo aclararlo; sería materia de los historiadores dar alguna explicación convincente.

Lo cierto es que la Segunda Guerra mundial continuó y aunque Franco ya había ganado la suya, Hitler perdió. España comenzó un largo período de aislamiento internacional. La frontera entre Irún y Hendaya se mantuvo cerrada; la guerra terminó en 1945 y tres años después (doce desde que fue bloqueada por los militares golpistas) se abrió definitivamente. Los nuevos aires europeos, aún tardarían muchos… muchos años en cruzar la frontera.

-MIGUEL HERNÁNDEZ – ANIVERSARIO

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VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN   

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló  de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

 

 

Miguel Hernández Gilabert. (Orihuela, 30 de octubre de 1910 – Alicante, 28 de marzo de 1942). Poeta y dramaturgo español.

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De familia humilde, tiene que abandonar muy pronto la escuela para ponerse a trabajar; aún así desarrolla su capacidad para la poesía gracias a ser un gran lector de la poesía clásica española. Forma parte de la tertulia literaria en Orihuela, donde conoce a Ramón Sijé y establece con él una gran amistad.

A partir de 1930 comienza a publicar sus poesías en revistas como El Pueblo de Orihuela El Día de Alicante. En la década de 1930 viaja a Madrid y colabora en distintas publicaciones, estableciendo relación con los poetas de la época. A su vuelta a Orihuela redacta Perito en Lunas, donde se refleja la influencia de los autores que lee en su infancia y los que conoce en su viaje a Madrid.

Ya establecido en Madrid, trabaja como redactor en el diccionario taurino de Cossío y en las Misiones pedagógicas de Alejandro Casona; colabora además en importantes revistas poéticas españolas. Escribe en estos años los poemas titulados El silbo vulnerado Imagen de tu huella, y el más conocido El Rayo que no cesa (1936).

Toma parte muy activa en la Guerra Civil española, y al terminar ésta intenta salir del país pero es detenido en la frontera con Portugal.  Condenado a pena de muerte, se le conmuta por la de treinta años pero no llega a cumplirla porque muere de tuberculosis el 28 de marzo de 1942 en la prisión de Alicante.

Durante la guerra compone Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1938) con un estilo que se conoció como “poesía de guerra”. En la cárcel acabó Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941). En su obra se encuentran influencias de Garcilaso, Góngora, Quevedo y San Juan de la Cruz.