Hoy, triste aniversario del fallecimiento de Federico García Lorca. En recuerdo del poeta granadino mi amiga Julia Parrilla ha escrito un precioso relato. Es una satisfacción incorporarlo a este blog, reguero de narraciones y crónicas.

DONDE LA TIERRA GUARDA EL SILENCIO

“No hay cuerpo que recoger cuando el entierro lo es con prisa y sin nombre”

A Federico García Lorca, madrugada del 18 de Agosto de 1936.

Tres noches hace que Federico no duerme. No es por miedo, sabe que si cierra los ojos verá a los niños de la Huerta de San Vicente jugando entre los naranjos. Sabe también que mañana no estarán para él. Lo han arrancado de la casa de los Rosales a las dos de la madrugada.

¿Está el maricón de Lorca? Preguntan.

No opone resistencia. “Si me van a matar que sea de pie”. Piensa, pero no lo dice. Al salir deja mandado que rieguen los geranios, que si no se secan.

Es trasladado en un coche negro, con tres hombres más. Uno es maestro republicano, los otros dos, banderilleros anarquistas. Cruzan el Sacromonte a oscuras, las casas parecen dormidas, aun así, hay cortinas que se estremecen.

En Víznar y bajo sus pies, siente la tierra seca y el olor a tomillo aplastado. Federico piensa en el Romancero, se le enreda el pensamiento: si tuviera un lápiz escribiría que la muerte le llega sin metáfora. No tiene lápiz, ya no hace falta. ¡Es aquí! -escucha-. ¡Agáchate! ordenan.

“Si me vais a matar, matadme de pie”. Ahora sí, ahora lo dice en voz alta. Sufre los disparos sin terminar la frase. Su cuerpo cae hacia adelante, como si deseara abrazar la tierra.

A la mañana siguiente Granada sigue dormida, los naranjos de la huerta derraman su olor y se escucha un silencio que a nada se parece, a nada recuerda.

Autora del relato: Julia Parrilla Tudela

7 comentarios sobre “-DONDE LA TIERRA GUARDA EL SILENCIO

  1. Las barbaridades de la guerra llevan a aniquilar al contrario, la crudeza de este hecho la has narrado con la sensibilidad que le habría puesto Federico si lo hubiese podido describir.

    Mi enhorabuena buena

    Paco Sánchez

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  2. En su concisión, es un relato creíble y hasta con una documentación adecuada.
    Pobre Federico y pobres tantos que desaparecieron mucho antes de la cuenta por la sangre fría y la crueldad de unos desalmados.
    Gracias, Vladimir.

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